LA CONSTELACIÓN  FAMILIAR   

Este trabajo, desarrollado por el psicólogo alemán Bert Hellinger, se puede hacer en una consulta individualizada (duración: aproximadamente una hora y media, 90€). 

Para grupos se ofrecen fines de semana (15 horas, 120€ por persona).

La familia es el lugar donde experimentamos las primeras relaciones (con padre, madre, hermanos, abuelos ...). La calidad de estas relaciones  influye a las relaciones que establecemos más adelante. Por eso cualquier problema que surge en la relacion con uno mismo o en las relaciones con otras personas se puede aclarar desde la perspectiva de la constelación familiar. Un problema actual puede ser por ejemplo la sensación de no poderse realizar como persona, la infelicidad de un hijo, problemas de pareja, una enfermedad grave, accidentes repetidos, ...

Cuando se manifiestan problemas en una área de tu vida, la CONSTELACIÓN FAMILIAR hace visible la influencia oculta de tu sistema familiar, usando a los miembros del grupo como representantes de los  miembros de tu familia, los actuales, y los antepasados.

           El método:                

La persona que hace la constelación coloca a los representantes en la sala. La terapeuta les pide que sientan y comuniquen cómo están en el sitio que ocupan. Así la persona que hace la constelación consigue nuevos conocimientos.  A través de cambios de posición y con distintas frases claves se intenta devolverle al sistema su equilibrio. Al final del trabajo cada persona está ocupando la posición que le corresponde, con sus derechos y sus obligaciones. Así cada miembro de la familia se puede sentir seguro, estimado y amado, y se puede realizar como persona en armonía con los demás. Puede tomar las riendas de su vida y desplegar sus habilidades, dones y cualidades humanas.

El amor puede fluir más libremente entre los miembros del sistema. El resultado que se va produciendo después de este trabajo suele ser una mejor comunicación, una apertura, una comprensión mayor, la desaparición de un problema, etc.

Ejemplo: Si un hijo se niega constantemente a obedecer, es posible que esté ocupando el lugar del  padre en el sistema familiar, y por eso le parece normal pedir derechos que en realidad corresponden a los padres. Si este error de sitio se corrige, aunque sea por representantes, después en casa la situación puede cambiar.